Tweet Joe Biden - No bebas lejía

No bebas lejía

Este es el tweet que ha puesto en la red social Twitter Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de América. Puede parecer un chiste, una equivocación, o que le hayan robado la contraseña de la cuenta y que alguien comenzase a escribir tonterías en nombre de esta persona. Nada de eso. Es un tweet muy serio, que quiere alertar a sus compatriotas: beber lejía o detergente no es bueno para la salud de nadie. ¿Y por qué esta advertencia tan extraña? Parece obvio para cualquier persona con más de 5 años, que beber lejía es contraproducente. Sin embargo, este hecho no parece que sea tan obvio para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras haber declarado que, como el Coronavirus es vulnerable ante productos de limpieza, si éstos se inyectan, se podría eliminar en menos de un minuto.

Efecto Dunning-Kruger

Gráfico Dunning-Kruger (Imagen obtenida del blog juanmaprz.blogspot.com)

Recientemente veía este vídeo en un canal de Youtube en donde habla sobre el efecto Dunning-Kruger. Os aconsejo que veáis el vídeo porque vale la pena. En él se explica cómo el efecto Dunning-Kruger establece una relación entre el conocimiento y la confianza, de tal forma que, cuantos menos conocimientos tiene una persona sobre una materia, mayor es su confianza. Así mismo, cuántos más conocimientos se van adquiriendo, la confianza va decreciendo hasta que llega un punto en que se ponderan adecuadamente, posibilitando que, una persona con enormes conocimientos tenga la confianza razonable acorde a ellos.

Actualmente estamos viviendo una pandemia internacional, que está parando a todo el mundo desarrollado y que está forzando a que millones de personas estén encerradas en sus casas por riesgo real a morir por culpa del fatal virus.

Esta no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a situaciones de este tipo, pero sí es la primera vez en la cual, disponiendo de medios, tecnología y ciencia, nos seguimos viendo impotentes ante un virus. Creímos que las pestes y plagas eran desastres que jamás podían ocurrir en nuestro elevado estatus social y tecnológico. Pero no ha sido así.

La tónica general en todos los países del planeta ha sido dar una respuesta muy tardía al virus. Ha dado igual que el virus tuviese que viajar desde China hasta los Estados Unidos. En su recorrido, por cada uno de los países, sus respectivos gobiernos han tomado medidas cuando ya había gente muriendo. A cientos. Es cierto, ha habido excepciones, pero han sido las que han confirmado la regla.

Una de las explicaciones que puedo encontrar a que esto haya pasado, está en el efecto Dunning-Kruger: estamos, de forma genérica y global, dotados de políticos que no están capacitados, que no tienen las capacidades suficientes para gobernar y, sin embargo, sí se sienten con la confianza suficiente para levantarse por la mañanas con el título de gobernante.

La economía

En España, se permitieron manifestaciones, fiestas, eventos que nada aportaban a la economía de nadie y que, sin duda, influyeron negativamente en el número de víctimas de esta terrible enfermedad. En el Reino Unido, Boris Johnson, dejó que entrase el virus en el país y lo fió todo a la teoría de la inmunización de rebaño. No hizo nada hasta que el número de muertos podía suponer un coste en las urnas inasumible. Más tarde, personalmente para Boris el coste pudo ser mayor, al enfermar. En los Estados Unidos el mensaje de Donald Trump era un constante «vamos bien«, hasta que, como en todos los países en los que se infravaloró el virus, éste comenzó a llevarse por delante a miles de vidas.

Parece lógico pensar que, si se cierra un país, si se paraliza y dejas a todas las actividades en pausa, vas a crear un enorme estropicio en todos los estamentos económicos: economía familiar, economía empresarial, economía de un país. Por tanto, además del daño biológico y personal que puede hacer el virus, debes tener en cuenta que las medidas que puedes tomar para contrarrestarlo pueden tener un impacto también muy negativo para la sociedad en su conjunto.

Siendo benevolentes, uno podría pensar que todos los gobernantes han sopesado los pros y contras de cada una de las medidas a implantar y las han ido acometiendo en el momento preciso para evitar el mayor número de vidas y también proteger la economía de la nación.

No, no da igual

Hemos llegado a pensar que un país funcionaba a pesar de sus gobernantes. Así han surgido figuras como Donald Trump o Boris Johnson. Hemos creído que no tienen mayor importancia sus estridencias y conductas que, hasta no hace muchos años, serían reprochables en políticos que representan a dos naciones tan relevantes en el planeta. Y hemos visto, algo tarde ya, que lo que se vota y a quien se vota, tiene una importancia capital en situaciones como las que estamos atravesando.

Mi percepción es que el virus ha llegado en el peor momento posible. No contamos con lo mejor de la sociedad para afrontarlo. En su lugar, disponemos de políticos que no saben ni pueden afrontar esta crisis.

España

En España la situación se vuelve aún más triste cuando, da igual a qué lado mire uno, sólo se puede ver incompetencia y miseria. El gobierno ha llegado tarde y no tomó medidas, desde la segunda quincena de Febrero, que hubieran ahorrado mucho sufrimiento y vidas humanas. El gobierno ha gestionado y sigue gestionando mal la crisis: personal sanitario sin recursos necesarios para atender a los pacientes, material comprado defectuoso, medidas rectificadas en cuestión de horas que sólo se explican por la urgencia de publicar el tweet media hora antes que el compañero y utilización de los criterios técnicos como parapetos partidarios.

Si volvemos la vista, nos encontramos con un partido fascista que sólo busca el derrocamiento del gobierno y da igual con qué herramientas. Sembrar el odio mediante las redes sociales, difusión de bulos y mentiras. El caso es hacer aflorar los instintos más básicos de aquellos que sufren para que todo salte por los aires. Cueste lo que cueste. No se me ocurre nada más ruín y miserable.

Y nos queda el partido que dice ser de centro, aquel que debería estar llamado a ayudar a este gobierno becario. No busquéis, no lo vais a encontrar. Está detrás de las filas del partido fascista. Está tan preocupado con que el fascismo no se coma su propio partido que se han olvidado de qué es lo que son y qué es lo que quieren hacer. Culpan al gobierno de una mala gestión, pero no han hecho nada, no han propuesto nada y sólo han echado balones fuera en aquellas comunidades donde han tenido el poder durante largos años. Siguen comprando e intoxicándose con los panfletos fascistas que todo lo manchan.

El futuro

Acudir a la misma fórmula de siempre no va a funcionar, nunca lo ha hecho. No podemos crear nuevos «plan E» que no crean valor, que no aportan nada y que sólo llenan neveras (tal y como decía Pablo Iglesias) pero sólo a corto plazo.

Es evidente que la falta de material sigue siendo una realidad. En las noticias siguen saliendo pequeños talleres o particulares que hacen de manera artesanal mascarillas o cualquier otro material. Y yo me pregunto ¿por qué no se puede construir todo ese material en España, pero con calidad certificada y en fábricas cualificadas? En España disponemos de gente cualificada para diseñar material y mano de obra para construirlo. Disponemos de tejido empresarial e industrial. ¿Qué nos falta? Un gestor, un gobierno que levante teléfonos y que decida que la política de estado es crear el material en España. Esta medida generaría puestos de trabajo, generaría confianza y evitaría pagar a terceros países, facturas de material deficiente.

Tenemos a la empresa logística más grande del mundo. Cada vez que sale en los medios de comunicación es insultada y alabada a partes iguales. Si queremos salir de esta situación de la mejor manera posible, no cabe otra que ser humilde y reunir a todas aquellas personas, empresas e instituciones que puedan echar un mano. No tengo recetas mágicas y tampoco la capacidad para dar soluciones a esta situación, pero sí veo con claridad que, sería deseable que muchos teléfonos se levantasen ya, antes de que sea demasiado tarde.

No me creo que las políticas que se están implantando estén supeditadas a criterios técnicos. Si así fuera, las decisiones no variarían en pocas horas. Pueden variar en semanas, a medida que los modelos matemáticos evolucionan debido a la incorporación de nuevos datos, al descubrimiento de más características inéditas del virus, pero desde luego, no habría estos bandazos. Esta es una crisis sanitaria, una crisis donde los científicos, los ingenieros, los técnicos deben hablar alto y claro. A los políticos les queda escuchar, aprender y coordinar.

La gente, los españolitos de a pie están dispuestos a trabajar, están dispuestos a entrar en hospitales sabiendo que no hay material y que se pueden infectar. Saben que se pueden infectar, saben que pueden infectar a los suyos y morir. Pero entran igual, entran a cuidar de aquellos que están postrados en camas con tubos en las gargantas. Lo mínimo que se merecen es que su gobierno y sus políticos no les mientan y los traten con el respeto que se merecen.

No nos hagáis creer que beber lejía es la solución.

Seguimos.

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